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domingo, 7 de junio de 2009

David Carradine, el actor de Kung Fu y Kill Bill que pasara por Don Torcuato, murió a los 72 años

David Carradine, el carismático actor que se convirtió en un ícono de la TV en los años 70 con la serie Kung Fu y que retornó al candelero, treinta años después, con las películas Kill Bill de Quentin Tarantino, fue encontrado muerto ayer, en su habitación de hotel en Tailandia, donde filmaba una película. Tenía 72 años. Su manager confirmó que su deceso había sido un accidente y no un suicidio.

Numerosos medios, citando fuentes policiales tailandesas, afirmaron que el intérprete había sido encontrado desnudo en un vestidor de la habitación, con una soga alrededor del cuello y otra en los genitales.

Sería difícil subestimar el lugar que tuvo (y que mantiene) David Carradine en el imaginario pop (ular) de varias generaciones de seguidores de Kung Fu (1972-75), el influyente western televisivo en el que el actor daba vida a Kwai Chang Caine, un monje budista que escapa al Lejano Oeste norteamericano luego de vengar el asesinato de su maestro a manos del sobrino del emperador.

Su económica actuación en la serie (una suerte del taciturno Hombre sin Nombre de Clint Eastwood de signo inverso) la convirtió en un clásico instantáneo, al que contribuyeron sus logradas secuencias de acción y el atractivo de su filosofía zen en un medio tan popular como la TV. Sus hazañas en combate y sus pequeñas grageas de sabiduría fueron repetidas por millones de chicos y chicas alrededor del mundo (incluida la Argentina, donde las emisiones de la serie por Canal 13 parecían paralizar a jóvenes y adultos por igual).

Carradine ?que no sabía artes marciales antes del rodaje y consiguió el papel debido a que Bruce Lee fue considerado "demasiado étnico", tal el eufemismo, para el horario central de la época? adoptó las creencias de su personaje como propias luego de abandonar la serie, tres años después de su debut, ya que consideraba que el ciclo comenzaba a repetirse.

"Miro mi vida y mi carrera, y lo único que se me ocurre pensar es cuán arbitrario ha sido todo", le dijo en 2004 a la revista Entertainment Weekly. El azar (o la ausencia de voluntad, por ponerse algo zen) parece haber tenido algo que ver con su derrotero en Hollywood, donde en su momento de mayor éxito televisivo decidió intentar que la audiencia olvidara al pequeño saltamontes con films como la futurista y de culto Carrera mortal (1975) o su retrato del cantautor de protesta Woody Guthrie en Esta tierra es mi tierra, de Hal Ashby (1976). Al año siguiente, Ingmar Bergman lo convocó para protagonizar El huevo de la serpiente (1977). El director sueco luego explicaría que su elección tenía que ver con su parecido físico con su padre, John, legendario actor de carácter hollywoodense.

Leyenda

Junto con sus hermanos Keith y Robert, con quienes protagonizó el recordado western Cabalgata infernal (1980), de Walter Hill, sobre la pandilla de los James, se crió en un mundo poco convencional, entre rígidos internados para millonarios y los albores de la contracultura californiana.

El intérprete de El jinete motorizado era tan famoso en Hollywood por su particular visión del mundo y sus cinco matrimonios como por sus legendarios excesos ?una de las anécdotas más famosas lo tenía confundiéndose su casa con la del vecino y arrojándose por el balcón del primer piso de ésta, totalmente desnudo y fuera de sí, al darse cuenta del error?, aunque recientemente afirmó que había dejado todo, salvo el café y los cigarrillos. "Sacaban lo peor de mí", confesó. En 1983, Carradine vino a la Argentina para protagonizar Kain del planeta oscuro, producida por Aries junto con Roger Corman. Lo más trascendente de la experiencia parece haber estado en el rodaje en Don Torcuato, hasta donde solían acercarse arrojados karatecas locales para retarlo a duelo mientras el actor, impertérrito, tomaba mate con whisky, según recuerda Diego Curubeto en su libro Babilonia gaucha.

La combinación entre personaje y personificador sólo esperaba a un Quentin Tarantino para que convirtiera la realidad en ficción: el cineasta confesó que había sacado al villano de Kill Bill: La venganza de la autobiografía de Carradine. El papel del líder de la pandilla de asesinos a sueldo que servía de mentor y luego némesis de La Viuda (Uma Thurman) iba a ser para Warren Beatty, pero éste decidió sugerirle que contratara a su ídolo. "Lo único que necesitaba desde mi retiro de las grandes producciones de Hollywood era protagonizar una de ellas", se reía después Carradine.

A pesar del redescubrimiento de Tarantino, Carradine retomaría variantes de Caine hasta lo que sería el final de su prolífica carrera (además de la ahora trunca Stretch, tenía cinco films en posproducción). El actor ?dijo recientemente? disfrutaba devolver al público "la idea que ellos tienen de quién soy yo. Así se viaja más ligero".

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