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lunes, 8 de junio de 2026

El club de los tres del botón rojo: cuando la ideología gana la lógica

 Informe: Belén Peschiutta | Política Internacional


La aprobación en la ONU de la resolución que declara a la trata transatlántica de esclavos como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia dejó una postal diplomática que merece ser analizada bajo la lupa de la ironía. El tablero brilló con un verde contundente de 123 países, acompañado por las siempre cómodas abstenciones de quienes prefieren mirar hacia otro lado. Y el selecto y microscópico club de los tres votos en contra.

Hay que detenerse a mirar la audacia de esta trinidad de la resistencia. Se necesita una postura verdaderamente particular para plantarse en pleno siglo XXI ante la comunidad internacional y sostener, con el rostro imperturbable, que el secuestro sistemático, la tortura y la mercantilización de millones de seres humanos durante cuatrocientos años no ameritan una definición tan severa.

La línea argumental de este club del "no" es una obra de arte del detalle procedimental y la distancia intelectual. Detrás de sus posturas se adivinan los desvelos típicos de quienes prefieren la frialdad de los papeles a la contundencia de los hechos históricos.

Detrás del voto en contra no hay doctrina, sino un temor muy pragmático a las reparaciones históricas. Aceptar la gravedad del crimen implica abrir la puerta a la justicia reparadora, y nada incomoda más a ciertas estructuras que tener que revisar las cuentas del pasado.

Sostener que juzgar los "usos y costumbres" de épocas pasadas con la mirada actual es un error conceptual. Para este enfoque, los derechos fundamentales parecen ser conceptos de diseño reciente, y no una deuda histórica que arrastra la humanidad.

El hecho de encadenar personas en el fondo de un barco y hacerlas trabajar hasta la muerte es, aparentemente, una sutil exageración semántica.

Resulta llamativo ver cómo estos tres actores decidieron resignar sintonía internacional en un capricho. Mientras el resto del planeta entendió que la memoria es el único cimiento sólido para el derecho internacional, estos tres jinetes de la negativa prefirieron quedarse solos en la foto.  El mundo avanzó hacia un hito de justicia reparadora, los tres del botón rojo, por su parte, se aseguraron un lugar muy específico en las crónicas: como aquellos que, intentaron tapar la historia con un dedo.

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