Informe por: Belén Peschiutta - Política internacional
En un escenario global caracterizado por la reconfiguración de las cadenas de suministro y la transición tecnológica, la cooperación internacional ya no puede ser entendida como un ejercicio de relaciones públicas. Para nuestro país, nuestras provincias y municipios, constituye una herramienta de financiamiento, transferencia de conocimiento e inserción geopolítica pragmática.
Tradicionalmente, la política exterior y la cooperación internacional se percibieron como competencias exclusivas y centralizadas de las cancillerías. Sin embargo, hoy esta la capacidad de las provincias, municipios y redes de ciudades para interactuar directamente con actores globales.
Para la Argentina, un país con una vasta extensión territorial, profundas asimetrías regionales y necesidades estructurales de infraestructura, la cooperación internacional real (aquella basada en proyectos medibles, transferencia técnica y cofinanciamiento) no es un lujo periférico. Tiene que ser una estrategia central para dinamizar las economías regionales, fortalecer las capacidades estatales y blindar el desarrollo local ante los ciclos de volatilidad macroeconómica.
Debería enfocarse en tres pilares:
Bajo un enfoque asistencialista "pedir ayuda", como en la novela de El Eternauta "nadie se salva solo" . En política de cooperación internacional planificada, por medio una financiación de infraestructura crítica y mitigación de riesgo, obras de gran envergadura como puertos secos, corredores bioceánicos, plantas de tratamiento de efluentes o conectividad digital rural. También por medio de agencias multilaterales de crédito como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) o el Banco Mundial no solo aportan capital con tasas y plazos inviables para el mercado comercial, sino que exigen estándares de transparencia, factibilidad ambiental y sostenibilidad que elevan la calidad técnica de la obra pública.
Algo sumamente importante es la transferencia de conocimiento (Know-How) para una modernización del Estado
De esta forma la cooperación técnica internacional permite a los municipios y provincias "saltarse" etapas de aprendizaje urbano o institucional. Acceder a los programas de la Unión Europea, las agencias de cooperación de Japón (JICA) o Alemania (GIZ) que permite importar metodologías probadas en digitalización gubernamental, ordenamiento territorial, gestión integral de residuos y resiliencia urbana ante el cambio climático.
La cooperación internacional real abre mercados. Cuando una provincia o un bloque regional articula con organismos internacionales, facilita la homologación de normas técnicas, sanitarias y de sostenibilidad. Esto es indispensable para que las pymes y los complejos productivos locales puedan exportar a mercados de alta exigencia, transformando la cooperación en divisas genuinas y empleo local.
aislamiento local equivale a la pérdida de competitividad. La cooperación internacional real no debe gestionarse como una agenda de viajes o convenios marco abstractos, sino como una unidad de negocios social y técnica orientada a resolver problemas concretos de la ciudadanía: pavimentar una ruta productiva, tecnificar una escuela, abrir un mercado para las manufacturas locales o preparar a una comunidad ante una emergencia ambiental. Para la Argentina, cambiar y permitir su inserción global es el puente definitivo hacia un crecimiento sostenible.
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