LINK PARA ESCUCHAR LA RADIO POR INTERNET:

domingo, 4 de noviembre de 2012

Hindú regresa a una final a pura contundencia

Los de Don Torcuato aprovecharon sus momentos y las fallas de Newman: 32-9; tuvieron una defensa inexpugnable y marcaron cuando debían hacerlo; Bosch fue la gran figura. 

Volvió una tarde. Le alcanzó con una elocuente muestra de paciencia, perseverancia y, en altas dosis, contundencia. Por momentos, pareció extraviado en sus propias intermitencias. Sin embargo, cuando emergieron sus más dominantes intenciones, al caer la noche, concluyó en goleada. Y estuvo bien, exagerado quizá, pero bien, sin lugar a dudas, exento de contemplaciones. Así pasó el duro escollo del entusiasta Newman, de elogiable propuesta de juego, aunque limitado en variantes y decisiones. Hindú regresa a una final, ésa de la que se ausentó estos dos últimos años, a la que arriba por sexta oportunidad; esa que mejor le sienta, porque siempre que allí dijo presente, y ante cualquiera que se le puso enfrente para disputarle el título, jamás conoció la derrota.
Tres semanas sin rodaje no resintieron la estructura del equipo de Don Torcuato. Por eso, abrió el tanteador en el amanecer del encuentro gracias a su hombre más nítido y desequilibrante, Francisco Bosch, quien soportó la marca luego de tomar una pelota, previo avance de Schab. Pero sí menguó su filosofía, porque le costó relucir sus condiciones y hasta exhibir su dinámica, para darle cabida a una táctica efectiva: despojarse del balón con rapidez, entregarlo seguro, siempre al compañero más cercano, y tacklear, aquí y allá: en todo lugar.
En ese primer tiempo -en realidad, en todo el partido-, la defensa de Hindú afloró y controló sin problemas las escasas intimidaciones del Bordó, siempre bien predispuesto y con mayor porcentaje de posesión, aunque falto de resolución. Sólo las patadas del certero Gutiérrez Taboada, gentileza de la incontable indisciplina contraria, la fiabilidad de Rodríguez Larreta en el line o los embates de Borio, fueron sus resquicios. Y en el instante preciso en el cual el desarrollo del partido abogaba por su templanza, se equivocó: el intrépido Felipe Ezcurra leyó acertadamente la acción de Félix Branca, le tapó un despeje, e Hindú, sin un rumbo fijo, no obstante en estado de alerta latente, se encontró con su segunda conquista y una interesante ventaja parcial (17-6).
Cincuenta minutos demoró el Cardenal en emanar lo que terminó siendo su más ponderada maniobra con destino de try, mediante una combinación de Branca, Cordone, Gosio y Mignone. Pero a éste lo tomaron entre tres para desplazarlo y quebrantar cualquier esperanza. Porque, a pesar del descuento de Gutiérrez Taboada, Newman se desinfló. No halló consistencia en el scrum (enorme tarea de Delguy en ese sentido, activo y encendido en la ardua labor de recuperación), y, encima, otra vez se vio forzado al error: Branca amagó salir jugando desde el fondo, lo asediaron varios rivales y la pelota revuelta fue ganancia del Cubano Bosch, atento y concentrado para facturar.
Con el asunto prácticamente resuelto (25-9), el Elefante dio cuenta de su repertorio y ensayó un par de acciones con distinto fin: una gran patada de De la Fuente (el más regular) no terminó en el in-goal porque a Ezcurra (asistencia con lo justo de Camacho) se le resbaló la guinda. Después, sí, el joven Del Punta culminó debajo de los palos un pasamanos iniciado desde una clara obtención en la hilera y en la que participaron casi todos sus compañeros.
Sin brillar, pero con su chapa de candidato intacta, que ratificó cuando así lo dispuso el guión del partido, más una insaciable sed de revancha, Hindú dio el paso decisivo porque estuvo ávido y sediento de gloria a la hora de resolver las jugadas. Salió bien en la tarde-noche platense y por eso está donde quería estar. A un pasito, a un partido, de ser el mejor equipo de todos. De nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario:

Archivo del blog