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viernes, 21 de diciembre de 2007

Haran un abrazo simbólico a la ex sede del Club Tigre para tratar de impedir su demolicion

inmueble del ex club tigre
No a la demolición

Abrazo simbólico a la ex sede del Club Tigre

Sábado 22/12, 17 hs. En Lavalle y Libertador

La quinta Cobo Anchorena, más conocida como la ex sede del Club Tigre, -ubicada en la esquina de Lavalle y Libertador, corazón de la ciudad de Tigre- se encuentra en proceso de inminente demolición llevado adelante por sus actuales propietarios, la cadena hotelera estadounidense Howard Johnson.

Este singular edificio, de características italianizantes, construido en 1879 por una familia perteneciente a la burguesía porteña, pasó a manos de la comisión directiva del Club Atlético Tigre, en 1949. Pero la negligencia, la pasividad y la irresponsabilidad de gestiones, al mando de personajes guiados por intereses espurios, llevó a que la sede fuese rematada, como resultado: Unos pocos hombres de "familias distinguidas del pueblo" fueron beneficiados aquella vez.

Pero los hechos de la historia y sus personajes – como dijeran algunos filósofos alemanes- se repiten, primero como tragedia, y luego como farsa.

Hoy, nos enfrentamos nuevamente al intento de arrebatar a los tigrenses esta maravillosa construcción que es mucho más que un edificio, es parte integral de la cultura, de la identidad de nuestra ciudad. Y, nuevamente, son personajes "de bien" quienes hacen de nuestra historia un terrible negocio inmobiliario

Más allá de las banderas políticas de turno, y las deficientes legislaciones es intolerable la pérdida de una pieza con el valor histórico-arquitectónico de la Quinta Cobo.

La desprotección sistemática que sufren los bienes culturales en nuestro país, obliga a una reflexión profunda acerca de la valoración que, como sociedad, hacemos de nuestro pasado.

Si entendemos a la arquitectura como ideología-construida veríamos que muchas paredes hablan. Hablan de glorias y miserias de conquistas y derrotas, nos enfrentan a nosotros mismos desde el reflejo histórico obligándonos a una actitud crítica frente a sus enunciados, nos hacen pensar.

De ninguna manera el interés privado puede primar lícitamente sobre el derecho de todo un pueblo a la memoria, más que basándose por lo menos en la hábil manipulación de pobres legislaciones o de dudosos decretos casualmente convenientes al interés de los poderosos de siempre.

En tiempos donde memoria es palabra corriente en la agenda pública, "demolición" suena estúpidamente anacrónico.

La mecánica del olvido y la desmemoria es necesariamente la misma que naturaliza la privatización de bienes del estado, aniquila los bosques o incluso, en sus efectos más peligrosos, no se inmuta ante la desaparición de personas.

Atacar los cimientos de la historia es condición necesaria para volverla borrosa e ilegible; convierte a nuestro pasado en una trampa oscura en la que cada generación tropieza repitiendo los mismos errores, una y otra vez.

¿Por qué debemos preservar este edificio?, ¿por qué debe ser restaurado y puesto en valor?, ¿por qué debe pertenecer a todos?

- Como venimos diciendo, la necesidad de mantener presente nuestra historia como forma de afianzar nuestras raíces. En una nación con crisis de identidad permanente, no hay que perder de vista que este mecanismo del olvido es funcional al consecuente proceso de aculturación y penetración cultural. Lamentable vocabulario que encontró su clímax con las relaciones carnales.

-Además, el factor económico, dado el creciente uso turístico del patrimonio histórico a nivel mundial, mantener esta obra de arte es asegurar la riqueza y diversidad de nuestros recursos culturales en un mundo con turistas cada vez más ávidos de experimentar algo más que un lujoso No-lugar. (O ¿Qué maravillas elogiaríamos a Europa, si no hubiese preservado su patrimonio? ¡Ni que hablar de Bs. As. Como capital cultural de la región!)

-Y, por último y fundamental; porque es totalmente factible la restauración, preservación y refuncionalización del edificio .

Es necesario un gesto de madurez ciudadana que transforme esta nostalgia atragantada, esta indignación e impotencia en acción; evitar quedar con el lastre de la crítica estéril que nos ancla a nuestros sillones como tristes espectadores. Se trata de ser actores de la historia de nuestra ciudad. Se trata de cuestionarnos : ¿Qué es para cada uno el lugar donde vivimos, donde crecimos, sentimos? ¿Qué lugar nos ocupa? ¿Qué queremos que sea?

Por todo esto, decimos:

"NO A LA DEMOLICIÓN". ABRAZO SIMBÓLICO EL SÁBADO 22/12, A LAS 17 HS. EN LA ESQUINA DE LAVALLE Y LIBERTADOR.

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